viernes, 15 de enero de 2010

Caminos ocultos

Ensimismado observo desde la penumbra las luces afuera, cual luciérnagas estancadas en un retazo de cielo negro. Al contemplar la majestuosidad de la noche que se cierne, aplastante cual árbol caído, trato de cobijarme cómodamente en los corredores de los sueños, los que me invitan a sumirme en mi aletargado e imaginario subconsciente, que se encuentra dispuesto a seguir caminos desconocidos, o tal vez olvidados.

Por esos caminos me interno lentamente y contemplo el espacio vacío que poco a poco se va llenando y cubriendo de anhelos, de recuerdos, de miedos, de pena o de alegría. No soy el administrador de mis propios sueños, no tengo potestad para definirlos a voluntad. A veces, me gustaría elegir algunos y descartar otros. Sin embargo, es de ese modo que son concebidos estos parajes, llenos de recovecos con veredas anchas que tapizan el escenario convirtiéndolo en mi propia catarsis.

Ya estoy adentro de este mundo, mi particular mundo privado. De pronto tropiezo con sonidos levemente conocidos, voces que se aclaran a cada paso y que van dando vida a personas un tanto borrosas en un comienzo. La busco entre esa multitud ajena un tanto aturdido. Su mano se me pierde y sigo tras ella. La reconozco y me dejo guiar por su aroma, ese de amaneceres húmedos disfrutando juntos de un café recién hecho, con la lluvia crepitando en las ventanas, empañando el ambiente. La podría reconocer en todos mis sueños, en todos mis mundos, mis sentidos fueron concebidos para ello.

La multitud se desvanece y el escenario se estremece ante su partida, muta su color, se ocurece de pronto como un camino viejo. Sigo tras su huella ahora por un sendero que se dobla hasta perderse tras un cerro pintado de verde y rojo. El viento trae tras de sí una melodía y me golpea de frente. Refrescante. Es una melodía que acostumbramos compartir y que llena muchos de nuestros momentos.

Estoy cada vez más próximo a ella y se me siento acelerado, un tanto desesperado.

Una brocha tiñe todo de amarillo y verde, pinta una vieja banca, de esas de parques milenarios, al lado de un frondoso árbol. Ella está ahí, con un libro abierto en sus faldas, con el viento golpeando su delicado rostro, con los ojos cerrados como a la espera de algo, con el cabello suelto cual virginal manta. Ya estoy con ella, en silencio me siento a su lado, acuno sus manos en las mías, me mira un tanto distraída y nos suminos en un profundo abrazo, de esos que se recuerdan por toda la vida, de esos que reconfortan. Con un beso golpeo sus labios, me recibe completo.

De pronto, desando acompañado aquel camino devuelta, ahora con ella. Pronto volveré a mi mundo real. Éste mundo, el de los sueños, quedará esperando mi próxima visita.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Media vita in morte sumus

La maldita y embustera muerte a todos nos alcanza alguna vez, a unos antes, a otros después. Nos otorga un certero golpe que imposibilita cualquier tipo de resistencia.
De ese sombrío paisaje, del que alguna vez descancé en sus jardines acompañado de un libro, aprensiones, soledad y frustraciones, paradójicamente me otorgó devuelta una tranquilidad especial, la que hoy plasmo en retazos fotográficos.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Subjetividades

La comunicación, es algo esencial para nuestra convivencia, parte intrínseca de nuestra existencia. Sin embargo sus formas, muchas veces no transmiten lo que realmente queremos decir. Un medio escrito por ejemplo, no expresa necesariamente lo que realmente pensamos, como dicen por ahí, frase detestable en algunos casos, el papel aguanta mucho. Tal vez sea porque este medio, el escrito, permite ocultar las verdaderas intenciones, o por el contrario, mostrar nuestras verdaderas intenciones o hacerlo a medias.

En ese sentido, la tecnología ha sido un real avance, pero con justificadas limitaciones, se hace necesario por ejemplo, que cuando hablamos virtualmente con alguien, o cuando chateamos, en más de una oportunidad y para dar énfasis a lo escrito, utilicemos los llamados emoticones, colocando una cara sonriente cuando estamos conformes con lo leído, o cuando consentimos al personaje del otro lado. ESCRIBIMOS CON MAYÚSCULA CUANDO ESTAMOS ENOJADOS, y cosas por el estilo.

Cuando enviamos un correo, planteando una situación o algún punto de vista, o al responder un asunto, a pesar de que lo escrito puede estar bastante claro, siempre existe la posibilidad de que la interpretación final, no sea lo que realmente comunicamos, o tratamos de comunicar.

Para la comunicación convencional, la hablada, se hace necesario también utilizar el sentido de la vista. Ya leí por ahí que lo expresado debe necesariamente conectarse con nuestros gestos, ademanes o postura, atributos necesarios para comunicar a la perfección el mensaje transmitido audíblemente. No le creeríamos, por ejemplo, a alguien que nos responde que está bien, si tiene un rostro triste. No creeríamos en el interés de alguien por algún asunto, si muestra una actitud displicente.
O cuando enviamos un recado, existe la posibilidad de que nuestro mensaje llege distorsionado a su destino. Entiendo entonces, que el medio original de comunicarnos, el hablado presencialmente, resulta el más eficaz. Todos los otros, no hacen más que emular limitadamente a veces, este tipo de comunicación. Además, cuando hablamos presencialmente se reducen las subjetividades. Al prestar atención a nuestro interlocutor, podemos captar perfectamente incluso su intención, si está siendo irónico, si miente, si está feliz, triste, preocupado, esperanzado, en fin, nos ayuda a hacernos de una idea clara, respecto de lo que nos quieren comunicar, así como ofrece la oportunidad de que nuestro interlocutor, se haga también de una idea clara de lo nosotros queremos comunicar. Inclusive, si creemos que lo que nos comunican tiene un mensaje subliminal o entre líneas, tenemos la oportunidad de preguntar de frente, sin tapujos y mirándose a la cara.
Concluyo entonces, que en los temas importantes, sobre cuando hay que zanjar asuntos, se hace necesario, imprescindible incluso, hablar las cosas de modo presencial. Toda la tecnología o avances que nos pudieren dar una mano, resultan mediocres.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mi esposa, mi ex y yo

Las vueltas de la vida resultan imprecisas, inconexas y difíciles, hasta imposibles de prever. Río, y lo hago de buena gana al pensar en lo que me sucedió este fin de semana.

Con mi esposa, fuimos a un importante evento en el que había un mar de gente, muchas caras y rostros desconocidos se nos cruzaron durante los días en los que estuvimos presentes. Hasta que llegado el momento nos cruzamos con la que, según yo, aparentemente era la que se había convertido en mi primera pseudo relación amorosa, y efectivamente se trataba de ella. Estuvimos muchos años juntos, primero como compañeros de colegio, luego como amigos, y finalmente, como algo más que amigos. La relación se volvió un poco tortuosa al final, y debo admitir que eso correspondió estrictamente a todas mis inseguridades de aquella época. A pesar de eso, guardo muy buenos recuerdos de aquella relación.

En más de una oportunidad hemos conversado el tema con mi esposa -sanamente-, y nunca fue objeto de discusiones, mucho menos de dudas traducidas en celos.

Sin embargo, lo que paso a relatar no es más que una muestra de las diferentes formas de pensar, o de la distinta forma de ver las cosas que tenemos ambos géneros. Lo que para nosotros no pasa a formar más que una anécdota, para ellas es todo un evento con matices escondidos, caras y gestos que ocultan trasfondos, situaciones aparentemente simples pero con agravantes.

Caminábamos tranquilamente saludando a nuestros conocidos y amigos, cuando de pronto me encuentro con aquel rostro que en un comienzo me pareció ligeramente familiar. Seguimos adelante avanzando sin mayores contratiempos. Sin embargo, cuando nos detuvimos a conversar con una amiga en común, y luego de despedirnos de ella, nos topamos a boca de jarro con aquella persona, y ahí estábamos, la situación era inevitable y no daba pié a ningún escape, no por algún sentimiento guardado, más que el de cariño, sino por la incomodidad tal vez, que le podía producir aquel extraño encuentro con mi pasado a mi esposa. Esta situación nunca la había vivido, la había visto en películas, leído en libros, escuchado en canciones o de paso a algún amigo, qué sé yo, el tema es que nunca me había tocado ser el protagonista de un encuentro tan singular que me llegó como un certero golpe en los testículos.

En un comienzo ella se acercó rápida y gravemente para otorgarme un fuerte abrazo, que correspondí igualmente porque en el fondo, me resultaba agradable verla por la razón que sea, tal vez para contarnos algo acerca de cómo habían marchado nuestras vidas luego de nuestro silencioso rompimiento. “Que gusto verte” -me decía ella en medio de aquel prolongado abrazo-. “Te presento a mi familia” -le dije mientras acercaba con un gesto a mi esposa y a mi hija-. “Mucho gusto” -respondió mi esposa-, luego de saber anticipadamente con quién se estaba saludando. “Y yo te presento a mi novio” -dijo ella-, señalando a un mal educado personaje que tacañamente nos tendió la mano, mientras que con su rostro de expresión satisfecha y desagradable, tal vez me insultaba por lo bajo. Probablemente ya le habían advertido de nuestra presencia. El asunto es que luego de aquel insano saludo, se dio media vuelta y siguió conversando con alguien, daba lo mismo.

Todo bien, conversamos de trivialidades, inclusive descaradamente me permití la oportunidad para bromear con la situación, ya que por lo menos para mí es un tema superado hace muchos años. Inclusive ofrecieron tomarnos una foto a la que accedimos, no gustosos, pero con la mayor de las cordialidades. Me imagino que cualquiera que pasaba por ahí, pensaba en nosotros solamente como en un grupo de buenos amigos, reunidos luego de años. Mi esposa se comportó como toda la dama que es, con seguridad y confianza, se notaba que para ella tampoco pasaba en esos momentos, de ser más que una anécdota que contar con el tiempo.

El “te estuve llamando...”, quedó flotando en el aire. ¿Habré escuchado bien?. Me cuenta mi esposa que la frase aquella sacó desde su rostro una expresión de extraña sorpresa, que obligó a mi amiga, quien reparó en aquella expresión de mi amada, posiblemente traduciéndola como una afrenta, tanto que se sintió en la obligación auto impuesta de ofrendarnos alguna que otra explicación. Efectivamente me había estado llamando a mi anterior oficina, aunque del mismo trabajo. Su razón fue que necesitaba algo relacionado con mi pega y había estado tratando de establecer contacto. Le conté que me había cambiado de departamento por lo tanto ahora estaba en otra oficina, pero que con gusto la ayudaría, le ofrecí mi número telefónico, el que presurosa anotó en su celular. En lo personal, ésto no es más que una muestra de mi inocente buena voluntad, guardando las proporciones del caso por supuesto. Pero mi esposa no pensó lo mismo, supongo que por lo aparentemente obvio de la situación, mucho menos al reparar en que el número telefónico que esperaba recibir fuera el de mi celular.

Esa noche casi dormí en el living, mi buena voluntad me jugó una mala pasada, aunque creo, mirando en retrospectiva, que no fue más que un error interpretativo. En ese sentido, cualquiera puede interpretar la situación al modo que le parezca, otorgándole motivos, sentimientos, pensamientos, intenciones, en fin. El tema es que, tal como lo dije anteriormente, para mí no es más que una anécdota, sin interpretaciones anexas ni mensajes subliminales. Aunque igual, creo que metí las patas...

domingo, 1 de noviembre de 2009

Ven

Ven lentamente a estar junto a mí, antes que el silencio nos acuse de complicidad, antes que nuestras sombras no se resistan y caigan abatidas luego del baile que danzan descalzas. Démosle la razón al silencio y sé mi cómplice en esta loca idea de disfrutar de la oscuridad de la noche, juntos y escondidos tras nuestras palabras, tras nuestras canciones, nuestros poemas y recuerdos, dejemos que éstos nos amparen y cobijen bajo su alero.

Quédate a mi lado en este reducido espacio que puede convertirse en nuestro universo, sin paralelo ni referente. Trae contigo las caricias guardadas hace un tiempo ya, esas que me pertenecen, que yo por mi parte estoy contando y revisando las por mí guardadas. Trae también esos besos que se encuentran atorados en tus labios, los que son míos por derecho y voluntad, y que se apilan sin orden alguno en mi mente.

Te recibiré con un urgente abrazo, otorgado en mi imaginación miles de días atrás, estando yo deseoso de tu alma, de tus palabras, de tu aroma, de tu iluminado rostro, de tus delicadas manos.

El día se inquieta ante tu llegada. Tiembla la tierra por la cercanía de tu presencia, se alteran los ríos como zigzagueantes venas que se abren paso a través de la árida y quebradiza tierra. Los pinos danzan, las viñas reclaman su vendimia. El viento pronuncia tu nombre combirtiéndolo en una suave melodía, el viento me acerca tu aroma a tierra mojada, jazmín y rosas maduras.

Esta vez ya no puedo escuchar mi voz, sólo el recuerdo de la tuya me ampara en esta hora en que se detuvo el tiempo, dando paso a tu espera, la que espero, la que ansío. En ti murieron mis penas y mis miedos. En ti vivió mi alegría. Por ti sueño, por ti espero, por ti vivo.

Ven conmigo, ven que te necesito, ven que eres mía, ven que me haces falta. Ven.

jueves, 15 de octubre de 2009

Motor de partida

Estoy teniendo problemas con el motor de partida -entiéndase en el sentido coloquial de la frase-. Hace unos días comuniqué esto por un conocido medio y la mayoría de los comentarios (en buena) obedecían a un cuento de la edad, que revisara el carnet, que recordara el año de mi nacimiento y cosas por el estilo. Pensando en eso, es probable que tengan razón, pero contrario a lo que plantean, hasta el momento con mis 31 años no he experimentado ninguna crisis por la edad tenida, y espero no experimentarla tampoco. Lo que sí tengo asumido es que el tiempo pasa, inevitablemente corre tras nuestro hasta finalmente alcanzarnos.

Volviendo a lo del motor de partida, debo reconocer que igual me estoy acostando un poco más tarde que lo habitual, pero no lo suficiente como para andar con sueño y sin ganas, lo que me dura hasta como las 10 de la mañana. El día de hoy fue diferente, hasta en la tarde anduve medio amodorrado. Esto ha sido más frecuente de lo habitual, de hecho ya había escrito algo parecido hace algunas semanas atrás (http://masqueuncomentario.blogspot.com/2009/08/ojeras.html)
Sin embargo, el cuento ha llegado a un punto medio crítico, el día lunes por ejemplo, me despertó el citófono del departamento y no mi despertador, me avisaban desde portería que me estaba esperando el colectivo que me lleva hasta el bus de acercamiento al trabajo todos los días, pero ya era demasiado tarde, me quedé abajo. Ayer, en un intento desesperado por engañar al despertador, lo ignoré hasta 20 minutos después de que este sonó. Hoy, se repitió nuevamente la historia pero el despertador sólo me otorgó 15 minutos más de sueño.

Ya en el trabajo, los cafés resultan insuficientes, y cualquier lugar se me hace cómodo para dormir. ¿Será la falta de azúcar?, ¿serán las canas que se asoman presurosas en mi cabeza, las que vienen acompañadas con una carga extra de cansancio? Sólo espero que pase pronto, que exista alguna especie de pastilla o botón de arranque que eleve mis revoluciones y mi potencial diario. Claro que al fin de cuentas, espero lógicamente que este sea un proceso normal.

Dormir más, esa parece la solución, dormir más y descansar cuando se pueda. Mientras tanto, pienso en seguir dejando pasar las horas del día, que termine cuando tenga que terminar. Finalmente, llegaré a casa a disfrutar de mis mujeres, eso me eleva el ánimo y el espíritu.

Mi motor de partida parece estar simplemente averiado, y sin solución aparente, por el momento.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Chilenos clever

Ya que estamos tan apartados del resto del mundo como chilean people que somos, en un rinconcito de difícil acceso, muchas veces somos ligeramente conocidos o tienden a confundirnos simplemente con un ají o con un famoso grupo de rock. Y por eso tal vez, nuestro afán de mantenernos apegados al resto de la civilización. Y por eso tal vez, nuestro afán de agregar a nuestro vocabulario palabras o frases anglosajonas, para demostrar así, que estamos in dentro de la palestra mundial y no out.

Un conocido mío, pronto echará a andar su negocio de nombre “By the way”, que dicho sea de paso le deseo el mejor de los éxitos; al preguntar el por qué del nombre, me contestó que está comprobado que las marcas en inglés pegan más, por lo menos por acá. ¿Por qué?, ¿acaso somos tan prejuiciosos que podemos llegar a limitar nuestras elecciones, o en este caso nuestra capacidad de consumo, al nombre de turno del local? Un tanto extraño de nuestra parte.

Estas frases en inglés o palabras sueltas, han reemplazado a nuestro tan querido español chilenizado, instalándose como una jerga con palabras o frases clave, listas para su uso. He aquí algunas muestras de lo que digo, para ver si me hago entender, ok?
Ø Ya no rotulamos a alguien vivaracho o sagaz de bakán, ahora decimos que el tipo es clever,
Ø No preguntamos ‘cómo te fue en la oficina’, ahora preguntamos ‘cómo te fue en la office’,
Ø No preguntamos por la familia, preguntamos por la family,
Ø Nos quejamos por la falta de time,
Ø Vamos a los after hours o a los after office,
Ø En nuestra tv se mide el rating,
Ø Cuando es necesario, guardamos los prints de pantallas,
Ø Existen servicios express por todos lados,
Ø Nuestro paso por algún hotel, motel, hostal o lo que sea, queda registrado con un check in y un check out,
Ø Nos mandamos mails,
Ø Aprovechamos los Sale off,
Ø Estamos plagados con servicios que ofrecen delivery,
Ø Algunos desubicados se proclaman con un low perfil,
Ø Viajamos en vehículos arrendados en un Rent a car,
Ø Llamamos a los Call center, o a los Contact center.
En fin, la lista sería interminable.
En honor a la verdad, debo dejar constancia de que mi fijación no obedece a desconocer las bondades de aprender otro idioma y utilizarlo como es debido, pero una cosa muy distinta es cubrir con retazos lingüísticos nuestra propia identidad. Mejor sería, digo yo, acuñar frases o palabras propias, que reflejen certeramente nuestra idiosincrasia, sin necesidad de acudir a emulaciones forzadas de otras lenguas.

Estas frases o palabras pueden convertirse, en las manos de especialistas cultos y agudos, en las mejores herramientas para definir toda una época y, tal como en la literatura, separar las palabras o frases popularizadas, pero efectistas, de aquellas que no pasan de meros modismos. Me pregunto entonces, mirando con una perspectiva bastante amplia hacia adelante, cómo se nos definirá en unos 10, 20, 30 o 100 años más, en el mejor de los casos, pensando optimistamente, me imagino leyendo el titular de la revista “What`s happening” (otrora “Qué pasa”): “Los clevers de principios de siglo”