martes, 4 de diciembre de 2012

Tonagua

El tiempo pasa y algunas cosas pesan, como aquellas en las cuales no puedes compartir con gente que amas momentos importantes de sus vidas. Lo soñé muy diferente, lo soñé lejos de aquí, siendo todos felices y disfrutando de la dicha de ver amarse a personas para mi importantes. 

Hoy soy un mero espectador, hoy me conformo con la idea de verte feliz, a la distancia, armando tu vida con quien has decidido para luego continuar adelante, esperando con anhelo aquel difuso reencuentro. No sabes cuanto lo espero, cuanto me sorprendo pensando en ello; cómo será aquel abrazo?, nuestras primeras palabras después de tanto tiempo?

A quien elegiste como compañero no lo conozco, se ve una buena persona, y estoy seguro de que lo querré incondicionalmente como a un hermano, tu bien lo sabes y el tiempo lo dirá. Tiempo, nuevamente, tiempo, maldito embustero.
Ya no recuerdo cómo te perdí, las explicaciones a estas alturas sobran, lo que sí quiero aclarar es que siempre procuré tu bienestar, no lo supiste ver, no lo supe explicar, las circunstancias y todo a su alrededor nos jugaron en contra, alejándonos más de la cuenta, separando nuestros rumbos, pero tengo la convicción de que es algo temporal. Eso es lo que me repito, en ello pienso constantemente para que la espera no me asfixie.

Tu recuerdo claro permanece en mi mente, tu sonrisa de niña, tus trenzas ceñidas, aquella vez en la que tácitamente nos despedimos en la plaza de la constitución, sabiendo que vendrían tiempos nuevos para ambos; cuánto ha pasado de aquello, ahora eres toda una mujer, con familia. 

No tengo reproches, no tengo excusas, no tengo prejuicios, sólo cuento con una necesidad urgente, la de verte pronto y abrazarte.

martes, 27 de noviembre de 2012

Universo personal


Nuestro limitado universo posee la irrisoria facultad de parecernos infinito, cuando contrario a ello, no somos más que un estado pasajero e insipiente; a pesar de tener la capacidad de expansión, mantenemos bien delimitados nuestros espacios, los cuales compartimos en forma exclusiva con quienes deliberadamente decidimos compartir, haciéndolos parte de nuestro universo con su intrincado mecanismo.

Sin duda esto no es una máxima, ya que las personalidades que van creando sus propios mundos varía en cada caso con un sinfín de posibilidades.

El tema pareciera ser el aprender a dejar de lado las cosas que nos empobrecen el espíritu para ir ganando universos ajenos, lo que nos engrandece como personas, y más aún, lograr exitosamente incorporar dentro de nuestros limites a seres excepcionales, los que sin duda llenan de matices diversos nuestra existencia. Este bien pudiera ser un ejercicio de joyería ya que muchas veces los prejuicios de cualquier tipo pudieran truncar una incipiente relación, cuartando las posibilidades aún antes de comenzar.

Es así como los detalles que van marcando nuestra existencia, al parecer, en un momento insignificante y desapercibido, dan forma a nuestro universo –siempre en expansión-, el que se compone de distintas cosas que a nosotros nos parecen importantes y que tienen la relevancia de marcar nuestros pensamientos, nuestra percepción, nuestras personalidades.

La familia juega un rol muy importante, así como las amistades, o lo que leemos, o lo que escuchamos, en fin, todo lo que nos rodea, o lo que permitimos nos rodee.

Es esto lo que en definitiva nos hace individuos, a quienes la arrogancia pareciera una inocente compañera ya que nos lleva a creer egoístamente que nuestro propio universo es más relevante que el del otro, y así lo manifestamos de distintas formas -priorizando nuestros problemas o ideas-, a nuestro limitado parecer.

Finalmente lo que sentimos y hacemos, entre otros tantos detalles, es lo que nos define como seres propios y auténticos, ricos y carentes. Muchas veces asumiéndonos como seres individualistas, independientes rayando en la autosuficiencia, lo que visto en retrospectiva, arroja más pérdidas que ganancias. 

Me he arrojado deliberadamente a la búsqueda de nuevos haberes; reconozco que no ha sido sencillo, pero el esfuerzo puesto hasta ahora ha valido la pena.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Rarities


Sometimes our cities are wash for show us their best face. Or maybe we don't know the things who we have. After the rain, the walk people look and discover that.








lunes, 19 de noviembre de 2012

Down

If I feel this way, is because I simply down...


martes, 27 de septiembre de 2011

La amarga espera

“La expectación pospuesta enferma el corazón”, qué palabras tan sabias y certeras. Hace muchos años atrás una “amiga” me hizo referencia a dicho proverbio, citado en tantas oportunidades en distintas circunstancias, pero la verdad es que, a pesar de comprenderla bien, no le había captado el sentido, hasta ahora.

Cada uno se enfrenta a distintas cosas que pueden o no, depender de la voluntad propia, sin embargo, cuando esto no es así, y decisiones importantes dependen de terceros, o hasta de cuartos, la cosa cambia. Es ahí cuando nos mantenemos en ascuas por un período indeterminado que depende exclusivamente de voluntades ajenas. Actualmente, y desde hace aproximadamente una semana que me encuentro en un estado de pausa. Tengo nuevas aspiraciones que lamentablemente no dependen de mi persona, lo que me ha sumido en un estado de ansiedad constante. Sigo esperando aquel llamado e imaginándomelo inclusive. Necesito una respuesta definitiva para continuar, para seguir con lo propio de una buena vez. En el proceso he estado a punto de tirar la esponja y descartarlo definitivamente, pero un pequeño halo de esperanza todavía se mantiene vigente.


Por ahí leí que la ansiedad tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad, el problema es que esto debería ajustarse a períodos cortos y manejables, pero no... el dolor de guata, de cabeza, un tanto de insomnio, la falta de concentración, la desmotivación a veces, simplemente andar en la luna, todo eso y más, me tiene un tanto cansado.


Cuando pase todo lo que tenga que pasar, espero que deje algo positivo a este, hasta ahora, desagradable estado. Mientras tanto, continuaré con el corazón enfermo, por culpa de la indeseable expectación pospuesta.

martes, 18 de enero de 2011

El caballero

Según los cánones de comportamiento social, caballero es una persona que ejerce una conducta permanente que demuestra su educación y buenos modales en una determinada situación social, atávico exclusivamente al género masculino. El equivalente femenino sería dama.

Por otro lado, se puede utilizar para señalar, impersonalmente, la condición de edad avanzada de cierto individuo.

Lamentablemente esta semana en el trabajo, me tocó enfrentar personalmente la segunda aplicación de aquella palabra, luego de que un incidente diera cuenta de mi edad, que si bien no es tan avanzada, sí lo puede llegar a ser desde la limitada perspectiva de un adolecente, o para quien está saliendo de aquella tan corta etapa (comparada con lo que se nos viene después)

Estaba trabajando normalmente cuando requerí una impresión de un documento. La impresora se encuentra arrinconada en un pasillo y es de uso común por lo tanto, hay que acercarse a la misma y tener la precaución de no quedarse con documentos de otros funcionarios. El asunto es que al llegar a buscar mi impresión, se encontraba una compañera nueva de otro departamento esperando las suyas, que al ojo no debe superar los 23 años, así que esperé pacientemente que terminara de recibir sus impresiones, que eran muchas, para solicitarle luego las mías que deberían de estar en medio del abultado legajo que seguía escupiendo la multifuncional. De ello habrán pasado unos pocos minutos cuando de pronto, se acercaron otros 2 compañeros tras la misma tarea. A esas alturas la impresión de la primera compañera ya había terminado y ella estaba ensimismada separando papeles. Cuando finalizó, le entregó las impresiones a los otros 2 que habían llegado hace un momento, y dejó mis impresiones en la bandeja. Percatándose de la situación, uno del grupo le pregunta “¿Y esos otros?” -refiriéndose a mis documentos los cuales había dejado en la bandeja- “Son del caballero” –respondió-…

“Son del caballero”, distinto hubiese sido de haber dicho algo así como “Son de él, que es un caballero” (obviando el hecho de que prácticamente no nos conocíamos), lo que sin lugar a dudas habría preferido por sobre aquella tan etiquetada observación, que para mi gusto rayó en lo peyorativo. Por supuesto el ambiente se convirtió en uno hilarante y bromeamos todos juntos respecto de mi condición de caballero (de acuerdo a la aplicación aludida en el relato). La agresora, percatándose de lo ocurrido se escabulló raudamente para continuar con sus labores, como ajena a la situación, como si no hubiere sido la que tuvo la osadía de restregarle en la cara la edad a un desconocido.

Dicha situación me hizo reparar en que, a pesar de no sentirme tan viejo a mis (a penas…) 32 años, la percepción de la gente respecto a mi persona, sobre todo de las que componen la franja etaria referida anteriormente, es de estar frente a un tata, así de simple, y en esto no tengo el recelo de caer en exageraciones ya que, haciendo un rápido recorrido mental, a esa edad yo mismo tenía esa impresión respecto a personas que estaban alejadas de la mía, la diferencia es que ahora me tocó a mí. No tengo nada contra ello, ya que cada uno es libre de ver las cosas a su antojo pero, inevitablemente me hizo sentir un tanto viejo, no decrépito, pero si me hizo pensar en mi como un adulto un tanto mayor.

Es verdad eso que dicen que la edad va por dentro y todo lo demás sin embargo, al pensar en lo pronto en que llegué a esta etapa, viviendo en la llanura de la línea para luego bajar inevitablemente hacia la vejez, se me aprieta un poco la guata. Así es la cosa, no podemos luchar naturalmente en contra del reloj, no podemos detenerle en la edad y período de nuestra preferencia, lo que sería un descubrimiento sublime y a la vez tan utópico como descubrir la fuente de la juventud. Mientras tanto, y mientras ello no ocurra por el medio que sea, seguiré por la vida como el caballero aquel; acepto dicho rótulo dignamente, casi como una conformidad, o más bien, con recelo a seguir avanzando luego de la presente etapa.

Finalmente, cada período en la vida debe tener grandes hitos a su haber. El hito de un caballero es ese, simplemente, ser un caballero, independiente del contexto.

martes, 4 de enero de 2011

Hablamiento chileno

De todos los detalles y características que nos distinguen como chilenos, de todo lo bueno, lo malo, lo regular, lo excelso, lo curioso… creo que lo más asertivo es nuestro vocabulario, que hace las veces de tácito rótulo que nos etiqueta ante el resto del mundo, formando parte de nuestro ADN colectivo. Como tal, forma parte de un especie de submundo del vocabulario.

Sin dudas estamos apartados en el mapa, recluidos en una larga franja de tierra rodeada de mar, de un amplio desierto, de macizas montañas, de imponentes bosques. Sin embargo, nuestro vocabulario nos distingue de tal modo que, aunque no lo quisiéramos, no podríamos pasar desapercibidos ante la analítica mirada de algún desconocido.

Al respecto debo comentar que este no es un tema nuevo ni tampoco pretende serlo, a estas alturas se ha escrito en más de una oportunidad algunos diccionarios y hasta tutoriales para que afuerinos logren sobrevivir a nuestra idiosincrasia, con lenguaje y todo.

Como dato curioso, nuestro coloquial lenguaje este año hizo temblar a la RAE, estableciéndose como un año creativo para el acuñamiento de nuevas palabras chilenas, en donde aportamos destacadas singularidades a nuestro hablamiento, las que se codificaron y definieron en esta prestigiosa Institución.

Mi anterior analogía nace de una particularidad un tanto repetida, ¿contradictorio?, no para mí, tal como lo paso a relatar. Mi hija, de menos de 2 años, cada día amplía más su hasta ahora limitado vocabulario; a estas alturas ya no son palabras sueltas con su aparente sinsentido, fácilmente emplea dentro de una misma oración como promedio entre 3 a 5 palabras. Sin embargo, hace un par de días, grande fue mi sorpresa al preguntarle si tenía sueño, su respuesta, salida naturalmente de su delicada boquita fue simplemente, “No po”, respuesta que quedó flotando en el aire ante mi evidente asombro. Lógico, la adorable chilenita de mi hija, cada día se amolda más a nuestra informal idiosincrasia, abriéndose paso por los intrincados laberintos de nuestra identidad.

El po, o poh, que se define como “pues”, es una palabra que puede ser usada sin discriminación en la mayoría de las oraciones, y al final de estas, para enfatizar una idea, también puede ser utilizada en cualquier tono, en cualquier circunstancia que sea pertinente socialmente, y por qué no decirlo, en las no pertinentes también. Incluso, si no estuviésemos tan concentrados, lo más probable es que a la jueza de turno le diéramos por respuesta un “Sí po”, cuando hace la famosilla pregunta de si aceptamos a la otra persona como nuestra esposa, quien sabe, tal vez en más de una oportunidad ha ocurrido así. El po es nuestro comodín que nace visceralmente en nuestro hablamiento, casi tan nuestro como el Súper 8 (por qué no decirlo)

Nos correspondió vivir y desarrollarnos en esta parte del mundo, adoptando cada una de las cosas que nos hacen únicos, buenas y malas también. Mientras tanto, voluntaria o involuntariamente, mantendremos nuestro hablamiento, renovándolo constantemente con nuevas e ingeniosas peculiaridades. ¡Claro que si po!