Nuestra casa la fuimos armando lentamente. Comenzamos con un pequeño sofá, un comedor, una cama, libros y muchas ganas de tener y disfrutar de lo nuestro. El esfuerzo y la paciencia bien han valido la pena, sobre todo por sentir que poseemos un lugar propio, que nos pertenece y al que llegamos en busca de cobijo luego de cada jornada. Nuestra casa está llena de detalles, para nosotros, con un valor único e irremplazable. Tiene una colección de variados colores, que a veces se contrastan entre ellos pero que forman un universo singular. Los adornos son de épocas diferentes, libros y música de gustos variados y compartidos, cachivaches excéntricos y otros simples. Fundimos nuestros gustos para crear un ambiente que nos acomoda, con el que nos sentimos a gusto. Creamos una casa que poco a poco se convirtió en nuestro hogar, un hogar compartido ahora entre tres, con una nueva integrante que nos ha hecho hacer unos cambios imprevistos y necesarios, pero que ya forman parte de nuestra intimidad tras la puerta de entrada. Nuestra casa corona el último piso de un conjunto de hogares apilados que comparten un mismo cimiento pero que poseen personalidades diferentes. Todos los días resulta un alivio colocar la llave del F 404 y abrirme paso a nuestro hogar y seguir compartiendo las horas que quedan del día con ellas, quienes me esperan ansiosas, y a quienes necesito con urgencia.sábado, 27 de junio de 2009
Detalles
Nuestra casa la fuimos armando lentamente. Comenzamos con un pequeño sofá, un comedor, una cama, libros y muchas ganas de tener y disfrutar de lo nuestro. El esfuerzo y la paciencia bien han valido la pena, sobre todo por sentir que poseemos un lugar propio, que nos pertenece y al que llegamos en busca de cobijo luego de cada jornada. Nuestra casa está llena de detalles, para nosotros, con un valor único e irremplazable. Tiene una colección de variados colores, que a veces se contrastan entre ellos pero que forman un universo singular. Los adornos son de épocas diferentes, libros y música de gustos variados y compartidos, cachivaches excéntricos y otros simples. Fundimos nuestros gustos para crear un ambiente que nos acomoda, con el que nos sentimos a gusto. Creamos una casa que poco a poco se convirtió en nuestro hogar, un hogar compartido ahora entre tres, con una nueva integrante que nos ha hecho hacer unos cambios imprevistos y necesarios, pero que ya forman parte de nuestra intimidad tras la puerta de entrada. Nuestra casa corona el último piso de un conjunto de hogares apilados que comparten un mismo cimiento pero que poseen personalidades diferentes. Todos los días resulta un alivio colocar la llave del F 404 y abrirme paso a nuestro hogar y seguir compartiendo las horas que quedan del día con ellas, quienes me esperan ansiosas, y a quienes necesito con urgencia.domingo, 14 de junio de 2009
Cuasi ermitaño
Eligió ser ermitaño, no en el sentido completo como hubiese querido, pero emulando lo más posible al árbol aquel. A diferencia, fue por voluntad propia y no por una imposición caprichosa. Cada cierto tiempo hace planes y viaja para contemplar lo que ha traducido como su esencia y también, para ver reflejada su personalidad en aquel triste árbol de hoja escasa y perenne. Se contenta con la simpleza que le rodea y se alegra de estar solo, como el árbol, aferrado a una realidad distante, apartada de los demás. martes, 9 de junio de 2009
Transantiago
Hoy, luego de mucho tiempo volví al intrincado mecanismo del Transantiago, infortunio a estas alturas en las que me había acostumbrado a la comodidad, primero del bus de acercamiento a la empresa, y luego al corsa rojo aquel. miércoles, 3 de junio de 2009
"Elca Polonia, pero me gusta que me digan Pola, por la cercanía"
Hechas las presentaciones, se nos acerca el alegre Ismael, hijo de mi amigo que se ofreció a llevarme de regreso a casa, en más de una ocasión tuve la oportunidad de verlo, incluso le hablé y lo encontré un poco extraño, sin sospechar siquiera de su estado, pobre Ismael. Pero se veía feliz, sobre todo cuando abrazó a su amado padre. Se nota que las cosas no le han sido fáciles, su mirada era fija y a la vez perdida, su sonrisa ancha y su rostro se mostraba ansioso por atendernos.
- Y tú, ¿a quién vienes a ver?
- A un amigo – le respondí sin querer involucrarme demasiado en una conversación que no sabía dónde podía acabar – al Ismael, lo que pasa es que aprovechamos de venir a verlo porque andábamos cerca.
- Que bien – silencio, incómodo silencio. Al mirarme de frente llevó su mano para darle sombra a sus inquietantes ojos verdes – ¿y de dónde son ustedes?
- De Santiago.
- Ah...
El silencio ensordecía. Reparé en su rostro del que le surcaban unas arrugas incipientes y del que transmitía una enorme tristeza, había estado llorando y no podía disimular las lágrimas que marcaban su cara o que habían corrido su maquillaje.
- ¿Por qué estás llorando? – y mientras escuchaba el final de mi pregunta que no pude retener, me censuraba mentalmente por la osada imprudencia de mi boca.
- Por mi hija, lo que pasa es que a ella no le gusta que yo está aquí y esta tarde tuvimos una pelea muy grande – sus ojos se perdieron en el cielo por un instante – ya llevo harto tiempo encerrada y todavía me queda, mi hermano dice que si me porto bien, en marzo me dejan libre. Y tú, ¿tienes hijos?
- Una que nace en enero, estoy muy ansioso es la primera. Preocupado por todo lo que se viene, parece que no es fácil.
- No, no es fácil, pero vale la pena intentarlo.
Extraño, estaba siendo aconsejado por ella sin darme cuenta y después de todo, parecía bastante lúcida.
- O sea – dijo volviendo luego de un rato – Eres joven, casado, te comprometiste con ilusiones y luego te casaste con argolla, tienes un buen trabajo y además estás esperando tu primer hijo que va a ser una niña que te va a trastornar la vida con solo mirarla por primera vez.
- Cierto, y eres bastante observadora.
- En tu caso no cuesta mucho, basta con mirar tu mano – dijo señalándome la izquierda - y luego tu cara para ponerse a imaginar todo lo demás. Tienes una vida muy bonita – no pudo retener la tristeza que se le escapó un poco por su voz – Cuesta doscientos mil pesos reparar la piscina - dijo cambiando abruptamente de tema - ya vinieron unas personas a verla y ahora las tías están viendo de dónde pueden sacar la plata. Sería muy bueno para mí, ya estoy cansada de imaginarme todo el rato nadando a pleno sol y pasando el calor del verano, si hasta me trajeron un traje de baño que espero usar.
- Es de esperar que junten luego la plata. ¿Te dolió mucho lo de tu hija? – silencio, ¿acaso no podía seguir conversando de trivialidades?, quién me dio el derecho de entrometerme en la vida de alguien que venía conociendo hace menos de diez minutos y menos preguntarle algo tan privado. Por supuesto no hubo respuesta, y no porque no quisiera hablar, sino porque hundió su cara en sus manos ocultando todas sus emociones. Fue decepcionante de mi parte sentir que por un instante le hacía la vida más amarga a alguien que ya había sufrido bastante– No te preocupes – me disculpé – no era mi intención ponerte mal. Sólo te puedo decir que trates de disfrutar el tiempo con tu hija y no permitas que sus diferencias las separen más de la cuenta, ten paciencia y recuerda que quedan pocos meses para que llegue marzo. Te recordaré en marzo y me gustaría imaginarte en tu propia casa con tu hija, bronceada por supuesto y feliz, muy feliz. Me llamo Cristián, ¿cuál es tu nombre?
- Elca Polonia, pero me gusta que me digan Pola, por la cercanía.
- Bonito, primera vez que escucho el nombre Elca.
- Cierto, es poco común. Mi madre se llamaba Polonia y también le decían Pola. Me gusta parecerme a ella y además Pola es más amistoso, como yo.
- Ya veo.
- ¿Te pido un favor moreno?
- Dime.
- ¿Me puedes comprar una bebida?
- Claro.
- Pero no tienes que decirle a las tías porque se van a enojar conmigo.
- Bueno, no te preocupes.
- Pero sería un regalo de tu parte porque yo no tengo plata.
- Cuando salga te voy a traer una Coca Cola.
- ¡No!, no nos dejan tomar esa bebida acá adentro, mejor trae una Pap, esa me gusta harto.
- Bueno, una Papaya entonces, y yo te la compro, no te preocupes.
- ¿Puedo confiar en ti?
- Por supuesto, te doy mi palabra.
Dicho esto, me despedí de ella deseándole que se mejorara y que pasara rápido el tiempo para que volviera con los suyos. Cuando volví a las bancas, el padre ya se estaba despidiendo del Ismael, del amistoso Ismael que ahora jugaba con una bolita entre sus dedos y escuchaba atentamente. Que se portara bien, que hiciera caso a las tías y que no se metiera en problemas, que mañana pasaría a verle y le traería ropa limpia y la pasta dental que reclamaba.
Al volver al salón, las tías estaban preparando las mesas para darles de comer, algunos ayudaban a poner las sillas, otros se acomodaban en estas mientras eran apremiados por sus compañeros. De un sillón escondido se levantó una niña, notablemente molesta con nuestra presencia, cruzándose en medio de todos hasta su habitación. Finalmente entra la Pola, aferrada a sus escasas pertenencias, dispuesta al disfrute de la cena con los que podrían ser sus amigos, o compañeros de cautiverio tal vez. Antes de volverme al pasillo que hace de antesala a este submundo, me devolví para cerrar la mampara no sin antes despedirme de ella con un gesto, me lo respondió con una mirada de complicidad, tal vez en eso me convertí para ella, en un cómplice de algo que le estaba vetado por muy simple que fuera, una inocente bebida. Nuevamente, su mirada se perdió en la inmensidad.
Al llegar al auto detuve a mi amigo, el padre, para contarle lo ocurrido, que necesitaba hacer la compra de ese invaluable brebaje, le pregunté si era muy complicado, que si estaba permitido por las tías.
- Es complicado – me dijo – pero no te preocupes que ellos tienen de todo para estar bien, así es que mejor deja eso de lado que además son un poco complicadas las tías con cosas como estas.
- Pero…
- En serio no te preocupes, déjalo así – dijo zanjando la cuestión - No me dio tiempo siquiera a apelar y ahí quedé medio aturdido y sin ninguna posibilidad. En fin, él sabe cómo funciona este sistema yo era un simple intruso.
Cuando reparé en los demás, ya se encontraban dispuestos a reanudar la vuelta a Santiago. Me subí al auto y comenzó la marcha, me encerré en mi mundo mirando hacia el cielo, como la Pola, perdido en lo que acababa de suceder. Una angustia galopante me invadió, necesitaba urgente un poco de realidad, de la realidad que aceptaba y a la que estaba acostumbrado. Tomé el celular y llamé a casa nuevamente sin calcular el tiempo transcurrido, por el otro lado de la línea mi esposa me reclamaba por la hora y de lo inconsciente que había sido al no avisarle de mi retraso, que estaba muy preocupada… esa era mi realidad, mi amada realidad a la que este submundo recién visitado y dejado atrás de golpe no entraba, que solo accedía por unas pocas vías pero al que nunca acudía por elección propia. Necesitaba un plato de sopa caliente, un jugo ordinario, un café con crema, necesitaba urgente un generoso abrazo de mi amada y de paso sentir cómo mi hija me saludaba con unas cuantas pataditas desde esa enorme barriga. Necesitaba disfrutar de cosas simples a las que ellos no tienen derecho a acceder, no por insolencia o por creerme superior, sino por necesidad.
Esto se ha transformado en un recuerdo extraño y un tanto desgarrador. Espero algún día cumplir con mi palabra, espero algún día pagar mi promesa de comprar aquella bendita bebida y dar algo de goce a aquella mujer que la felicidad le ha sido esquiva, que vive en una burbuja a la espera de cuidados ajenos. Algún día... mientras tanto te recordaré con tu cabello alborotado y pintado de amarillo que cubría tu rostro del que brotaban, traspasando tu mirada perdida, lágrimas colmadas de frustraciones a la espera de algún consuelo, o un simple abrazo. Te recordaré Elca Polonia… Pola, gracias por tu cercanía.
sábado, 30 de mayo de 2009
Recuerdos
En cada bolsillo llevo conmigo miles de recuerdos. Recuerdos añejos y nuevos que andan a cuestas conmigo. Muchas veces recurro a ellos para conseguir alguna alegría, consuelo, nuevas perspectivas, remembranzas de tiempos pasados y no tantos, escritos para siempre en mi memoria.Soy de la generación del Atari. Cuántas veces tuvimos que jugar al tenis mientras esperábamos que la adorada consola leyera todo el casete, estancándonos en una espera obligada que para nosotros era eterna (incluso tal vez ya lo confundo porque no estoy seguro de que el Arati se cargaba con un casete o un cartridge, pero seguro de que había uno) Jugábamos el emocionante Space Invaders o a la Rana que trataba de cruzar una calle y luego un rio por unos troncos de distintos tamaños.
Soy de la generación que iba por el pan y los huevos o los tomates de la once, luego de que la mamá regara el árbol de la calle y barriera el patio. Siempre eran ¾ de pan, los que llegaban pesando una mitad de marraqueta menos.
Los recuerdos hacen más ameno nuestro presente y nos hacen enfrentar nuestro futuro con historias a nuestras espaldas. Se sostienen en un pasado a veces perdido, a veces olvidado, pero sin duda, siempre presente. Después de todo, ¿qué sería una mente sin recuerdos?
jueves, 28 de mayo de 2009
Nada
Salía de madrugada a disfrutar del alba, la vestían harapos cansados de recibir costuras reparadoras. El viento la espera de frente y le imprime en el rostro los aromas a jazmín y a hierba mojada. El tiempo ya no significa nada en su existencia, los años marcaron su cuerpo como el mar a la roca. La vida le pesa pero se siente recompensada con las madrugadas, que le inyectan fuerzas para comenzar un nuevo día.Hoy es una madrugada distinta, ya no tiene harapos que la puedan vestir ni costuras nuevas que lucir. El viento no la esperó de frente, no le imprimió los aromas a jazmín y a hierba mojada. Su tiempo sigue transcurriendo en medio de la nada y las marcas de su existencia ya no las puede descifrar. No se siente recompensada con la nueva madrugada, no le ha inyectado las fuerzas necesarias para comenzar un nuevo día.
martes, 19 de mayo de 2009
Beso
La escena se repitió una vez más. Según yo estaba todo bien, por fin llegaba a casa luego de una agotadora jornada cargada al final del día de cosas desagradables. Advertí su espera incluso antes de abrir la puerta, estaba vestida y arreglada de manera especial. Sus labios estaban decorados con un brillo que olía a fresas, sus ojos delineados sutilmente como mejor le viene, su aroma era el de flores frescas, sutil, su cabello olía agradablemente a una fragancia indefinida. Advertí su mirada, advertí la espera de sus ojos y las palabras atoradas en sus labios.En mi cabeza todos los detalles dieron vueltas mientras seguí camino a la habitación luego de saludarla con premura, mientras me despojaba de todo lo relacionado con el trabajo. En mi cabeza todos los detalles siguieron dando vueltas mientras preparaba la comida que nos serviríamos, mientras mirábamos como por inercia el programa de turno en la tv, mientras contemplábamos a nuestro retoño balbuceando algunas cosas. En mi cabeza tenía grabada la imagen de la mujer más hermosa que puede existir.
El problema es que esto quedó atorado ahí, en mi cabeza. Qué decepción no haber hablado antes y haber gritado al mundo la hermosa mujer que tengo a mi haber. Según yo estaba todo bien, incluso creo haber mencionado algo, pero no fue así.
Por supuesto, llegado el momento me reclamó la pobre actitud, mi supuesta indiferencia y mi culpable silencio. Ninguna explicación sirvió, ningún argumento acudió a mi auxilio por aquella reprochable falta. Y yo que pensaba que estaba todo bien, y ella que pensaba todo lo contrario. Finalmente, solo un beso acudió en mi auxilio, un beso bien recibido, un beso de esos que nos hacen soñar.