
Un eufemismo es una palabra o expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú, que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente. Algunos eufemismos tienen la intención de ser cómicos. Se produce cuando se pretende usar palabras inofensivas o expresiones para desorientar, evadirnos, o evitar hacernos conscientes de una realidad cruda y desagradable. A menudo el propio eufemismo pasa a ser considerado vulgar con el tiempo para ser sustituido de nuevo.
Y es la pura verdad, disfrazamos realidades crudas y desagradables, verdades incómodas que no nos atrevemos a decir de frente. En la mayoría de los casos, estas verdades las adornamos con palabras o frases para el bronce, lo que mantiene y sustenta la esencia misma del eufemismo.
Y si de frases para el bronce se trata, el otro día me topé con una que me afectó directamente. Decidido a bajar los kilos de más que se apoderaron de mi cuerpo desde un tiempo hasta ahora, le venía dando vueltas a la idea de ir al gimnasio de mi pega. Como soy nuevo en el área, ya que fui trasladado, me topé con la sorpresa de que en las mañanas pasa una amable profesora de educación física, lista y dispuesta a desestresarnos con una batería de ejercicios breves en unos 20 minutos. Entretenido, pero muy empaquetado metido en mis pantalones de vestir y mi camisa. Comenzamos con ejercicios de relajación, levantamos nuestros brazos al cielo, estirándolos al tope de las posibilidades, agarramos pelotas imaginarias, las apretamos y las movimos con nuestros brazos extendidos, y todo eso pasaba mientras trataba de ocultar mi incipiente abdomen, pero digámoslo sin eufemismos, tratando de ocultar mi guata que porfiadamente se resistía a guardarse. La clase continuó con otros ejercicios de relajación, en uno de ellos, noto disimuladamente que los ojos de la instructora se posan en mi guata, continuó como si nada y de sorpresa se lanza la frase: "...con la zona abdominal bien contraída", eso fue todo, un comentario dirigido a la clase, a todos nosotros pero a uno solo, a mi. Lo que en realidad quiso decir fue: "Hey tú el nuevo... esconda la guata", para mi sorpresa la clase continuó por los minutos que faltaban de manera normal. Sorpresa digo porque mientras terminaba la frasecita, imaginaba todos los ojos de mis compañeros observándome descaradamente y con reproche. Por supuesto, luego de este incidente, la decisión de ir al gimnasio ya estaba tomada.
Tal vez esa es la gracia de los eufemismos, como se trata de verdades incómodas que sustituimos por otras menos ofensivas, o que adornamos para no causar tanto pesar a quién dirigimos la frase, son los receptores quienes tienen la libertad de decidir si la consideran o no, por supuesto en este caso me acomodó más que usaran un eufemismo ante aquella verdad directa e incómoda, mis kilos de más, que no son tantos, solo se trata de un sobrepeso, y espero que esto último no sea un eufemismo. Para ser justo conmigo, debo aclarar que no es que esté tan gordo pero si sigo así, quedaré listo para ocupar un cuadro de Botero.