sábado, 9 de mayo de 2009

Chilenos en el mundo

¿Estamos en todos lados?, mientras más lo pienso creo que sí. Por lo menos eso es lo que nos hacen creer los medios, sobre todo cuando ocurre alguna desgracia. Por ejemplo, algún terremoto en Sri Lanka, lo primero que hacen es buscar algún chileno residente, o algún amigo del amigo, o algún familiar lejano. Con esto de la nueva influenza, andamos buscando a chilenos contagiados en alguno de los países en riesgo. Con el paso de los huracanes, buscamos a posibles familias chilenas afectadas en el epicentro de la desgracia, y así, seguimos en la búsqueda interminable de chilenos patiperros repartidos alrededor del globo y que idealmente sean víctimas de algun infortunio.

Tal vez nuestro complejo de inferioridad - o de superioridad - nos hace buscar algún tipo de protagonismo frente a los hechos, sobre todo al considerar lo arrinconados que estamos en el planeta detrás del límite natural que se alza majestuosamente en forma de un cordón montañoso y que nos mantiene herméticamente separados inclusive de nuestros vecinos. Nostalgia del programa aquel de TVN que mostraba a chilenos repartidos en países lejanos, haciendo su vida en medio de culturas que no entienden nuestras onces, nuestros asados con los amigos, nuestros pasteles de choclos, nuestras cuecas, los helados en las micros, nuestras marraquetas o panes amasados, a nuestro Tito Fernández o al Coco Legrand.

Ahora, sin pretender entrar en nacionalismos de ningún tipo, algo contrario a mis principios, encuentro una osadía tratar de comenzar la vida en otro país, sobre todo cuando las diferencias son demasiado evidentes. Se dejan atrás las raíces, la misma rutina mantenida diariamente, el idioma y un sinfín de cosas más y se pasa uno a amoldar a una nueva cultura, una nueva idiosincrasia, tratando de extirpar nuestras costumbres. Pero bueno, con razón algunos han logrado desarrollar el espíritu aventurero y otros lo tenemos, perpetuamente dormido tal vez, pero dispuesto a desarrollarse al más mínimo estímulo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Nuestra Poroto


Dedicado a ti hija. Gracias por hacernos disfrutar una vez más de la vida y de hacernos conocer nuevos matices que alguna vez creimos perdidos.

lunes, 4 de mayo de 2009

Tengo sueño

El sueño me atrapó fuertemente una vez más. Un poco mareado, con mucha ansiedad, intento despertar y ponerme de pié pero no puedo. Estoy amarrado a la cama, no logro moverme, escucho mi respirar, estiro mis manos pero no alcanzo nada. Intento zafarme desesperadamente pero es en vano. Sigo igual, atrapado por el sueño.
La ansiedad crece y el corazón parece desbocarse. Escucho a mi lado la respiración de ellas, las siento cercanas y yo sin poder alcanzarlas. Me pesa el aire en los bordes, me pesa el aliento en el rostro. Sé que ella espera por mi y yo acá sin poder encontrar la salida. Sé que se cobija a mi lado y no puedo tocarla ni advertirla para que alargue hacia mi su mano. Maldito sueño, maldita ansiedad, ¿hasta cuándo me atormentas? Mis pensamientos los creo lúcidos, mi pesar parece real. Supongo que este escandaloso episodio tendrá final, pero los intentos son fallidos, sigo acorralado sin poder escapar.

Maldito sueño, me obliga a sentarme como en una sala vacía de cine y ver proyectada antiguas imágenes desagradables, sin poder hacer nada. Intento nuevamente escapar, pero la cobija pesa demasiado. Y pensar que segundos antes de que apareciera mi verdugo, pude haberme librado... nada puedo hacer ya. Grito desesperadamente y nadie logra escucharme, el silencio sigue ensordeciendo las imágenes que se continúan proyectando vez tras vez.
De pronto, una mano presurosa parece sostenerme de lo que parecía interminable. Es ella, me esperaba y pregunta qué pasa. Nada le digo. Es ella, me esperaba.

lunes, 20 de abril de 2009

¿No será demasiado?

Por supuesto que me gusta estar informado, no solo por tener algo que conversar con mi señora - que tema no nos falta -, o algo de lo que hablar al otro día en el trabajo, sino, porque simplemente me gusta tener algo que me entretenga la mente, algo a lo que darle vueltas. Es por eso que una de las cosas primeras que hago en la mañana es leer, antes de irme a la oficina leo, incluso en el trayecto, y en la mayoría de las mañanas aprovechando el internet, abro la página de un diario y sigo leyendo.

Como decía, me gusta estar informado, pero hay una diferencia muy grande escuchar en el noticiario central de uno de los canales de la tv que están torturando prácticamente a los animales antes de faenarlos para el consumo diario - que en alguno casos lo hacen simplemente por placer - a verlo, ver cómo los desoyan sin anestesia, o cómo los agarran a palos. Tal vez sea para crear conciencia y que finalmente tomemos - hablando del particular - la decisión de optar por una vida más sana, llevando una dieta saludable. ¿No será demasiado?, simplemente me hubiese conformado con haberlo escuchado para que luego pasaran a la próxima noticia, que para mi asombro, trataba acerca de cómo un padre de unos 50 y tantos años degolló a su hijo, por supuesto la sangre fue la protagonista junto con el arma homicida.

¿Qué les ha dado a los canales digo yo?, sobre todo a Chilevisión. Con tantas historias de cárceles, historias turbias del campo, historias de infieles... no nos dejan tomar un respiro mostrándonos algo más amable. Por ejemplo ahora en un programa que muestra todo el juicio que se lleva de algún caso, macabro por supuesto para sumarle al rating, no basta con solo entrevistar a las partes y mostrarles en el juicio en el que dan detalles escabrosos de cómo se llevó a cabo el crimen, sino que además, recrean las escenas del crimen mismo y las repiten seguidamente. De pronto, la conductora, para asegurarse de que hayamos entendido bien, nos da un resumen de todo el caso deteniéndose con alevosía en las partes más dantescas. ¿No será mucho digo yo?, ¿no habrá algo de morbo en todo lo que nos están dando a consumir?

Esta conducta, tan atávica a nosotros como especie por lo demás, se está traspasando a los objetivos canales de comunicación criollos desde hace un tiempo ya. Las vidas privadas ya no son tan privadas. ¿Me importa algo que el conductor estrella de cierto canal haya terminado una incipiente relación con una de las modelos de paso? ¿Me importa que una actriz de antaño haya estafado y que se le vea pasándola bien en Miami?, ¡para nada! Pero debo reconocer que con tanto saping, algunas veces acabo descansando en alguno de estos programas en los que me muestran un desfile de ejemplos de personas que bajo ninguna circunstancia me gustaría emular.
Sin caer en un juicio valórico, debo mencionar que esto es simplemente el producto que vende, que se consume en masas y que está presente en muchas líneas editoriales de distintos medios. Pero, ¿no será demasiado?

miércoles, 8 de abril de 2009

Eufemismos.

Un eufemismo es una palabra o expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú, que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente. Algunos eufemismos tienen la intención de ser cómicos. Se produce cuando se pretende usar palabras inofensivas o expresiones para desorientar, evadirnos, o evitar hacernos conscientes de una realidad cruda y desagradable. A menudo el propio eufemismo pasa a ser considerado vulgar con el tiempo para ser sustituido de nuevo.

Y es la pura verdad, disfrazamos realidades crudas y desagradables, verdades incómodas que no nos atrevemos a decir de frente. En la mayoría de los casos, estas verdades las adornamos con palabras o frases para el bronce, lo que mantiene y sustenta la esencia misma del eufemismo.

Y si de frases para el bronce se trata, el otro día me topé con una que me afectó directamente. Decidido a bajar los kilos de más que se apoderaron de mi cuerpo desde un tiempo hasta ahora, le venía dando vueltas a la idea de ir al gimnasio de mi pega. Como soy nuevo en el área, ya que fui trasladado, me topé con la sorpresa de que en las mañanas pasa una amable profesora de educación física, lista y dispuesta a desestresarnos con una batería de ejercicios breves en unos 20 minutos. Entretenido, pero muy empaquetado metido en mis pantalones de vestir y mi camisa. Comenzamos con ejercicios de relajación, levantamos nuestros brazos al cielo, estirándolos al tope de las posibilidades, agarramos pelotas imaginarias, las apretamos y las movimos con nuestros brazos extendidos, y todo eso pasaba mientras trataba de ocultar mi incipiente abdomen, pero digámoslo sin eufemismos, tratando de ocultar mi guata que porfiadamente se resistía a guardarse. La clase continuó con otros ejercicios de relajación, en uno de ellos, noto disimuladamente que los ojos de la instructora se posan en mi guata, continuó como si nada y de sorpresa se lanza la frase: "...con la zona abdominal bien contraída", eso fue todo, un comentario dirigido a la clase, a todos nosotros pero a uno solo, a mi. Lo que en realidad quiso decir fue: "Hey tú el nuevo... esconda la guata", para mi sorpresa la clase continuó por los minutos que faltaban de manera normal. Sorpresa digo porque mientras terminaba la frasecita, imaginaba todos los ojos de mis compañeros observándome descaradamente y con reproche. Por supuesto, luego de este incidente, la decisión de ir al gimnasio ya estaba tomada.

Tal vez esa es la gracia de los eufemismos, como se trata de verdades incómodas que sustituimos por otras menos ofensivas, o que adornamos para no causar tanto pesar a quién dirigimos la frase, son los receptores quienes tienen la libertad de decidir si la consideran o no, por supuesto en este caso me acomodó más que usaran un eufemismo ante aquella verdad directa e incómoda, mis kilos de más, que no son tantos, solo se trata de un sobrepeso, y espero que esto último no sea un eufemismo. Para ser justo conmigo, debo aclarar que no es que esté tan gordo pero si sigo así, quedaré listo para ocupar un cuadro de Botero.

domingo, 29 de marzo de 2009

Nueva rutina

La llegada de Antonia cambió mi vida. Aunque suene a cliché, hay cosas que comprendemos sólo cuando tenemos a nuestros retoños en brazos, y nos miran reclamando protección por el resto de sus vidas, o por lo que sea necesario al menos. Estos casi dos últimos meses, la vida junto a mi esposa ha tenido un giro vertiginoso, y por mas que nos hayamos preparado durante los nueve meses de espera, todo es nuevo. La rutina es distinta y de porrazo contamos con una personita que por el momento - y por muchos años mas - dependerá de nuestros cuidados, dedicación, entrega, entre otras cosas. Bien dichas fueron las palabras del doctor de Daniela cuando nos atendió en el primer control post parto: "Ahí tienen diversión por lo menos durante los próximos 20 años". Bueno, 20 años en el mejor de los casos. Por esto mismo un amigo cercano, que junto a su esposa de años decidieron no tener hijos, ante la inocente pregunta del por qué, jocoso responde: "Lo que pasa es que duran demasiado". Sin entrar en pronunciamientos de ningún tipo, esto tiene algo de verdad, pero que se olvida cuando tenemos a nuestras extensiones junto a nosotros y compartiendo la existencia.
La sesión diaria comienza a eso de las nueve de la noche. Luego de tomar once, y de preparar las cosas para el día siguiente, nos sumimos junto a la damisela en un baile ideado especialmente para que se duerma. Quién lo diría, Norah Jones la relaja a tal punto que cualquier cosa que la haya mantenido inquieta o activa, cede paso al aletargamiento luego de unas 5 o 6 canciones del disco. Concentrada en la música y con la mirada media perdida, va ganando camino a su moisés, sus ojitos se van achicando lentamente y por más que se resista, el sueño es inevitable. En ocasiones todo esto es trabajo perdido porque al más mínimo movimiento, nos obliga necesariamente a retomar aquel ritual. Lo anterior al parecer ya forma parte de nuestra rutina diaria, al más breve acorde de Sunrise, ella se aferra a mi polera como si supiera lo que se le viene. Lo disfruta y a veces es como si balbuceara las canciones. Impagable ¿no?...

domingo, 15 de marzo de 2009

Axioma.

Tiempo: "El tiempo es la magnitud física que mide la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sujetos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de casualidad, uno de los axiomas del método científico".
El tiempo no lo manejamos, esa es una verdad perentoria, pero en ocasiones sentimos, o creemos, que podemos manejarlo a nuestra voluntad. Ya en la adolecencia, y tal vez de antes, nos adelantamos pensando en cómo serán las cosas cuando cumplamos los dieciocho. Con la mayoria de edad a cuestas, nuevamente nos adelantamos mentalmente pensando en terminar los estudios, trabajar, casarse, tener hijos, o cumplir con otras obligaciones y aspiraciones auto impuestas o heredadas. El problema es que llegando a un punto - cuando cumplimos algunas ambiciones propuestas a lo largo de la existencia - nos damos cuanta que el tiempo no funciona a nuestra merced. Lo que es peor, que muchas veces funciona hacia atrás. Las cosas hechas, hechas están, para bien o mal, forman parte de nuestro historial de vida, y me refiero a todas las cosas, buenas o malas. Las llevamos adosadas a nosotros, escritas con tinta indeleble en nuestros currículos. Y por mas que las opciones se agoten, siempre buscamos oportunidades, recovecos u oportunidades que nos ayuden a seguir.
Cuando las cosas salen mal, falta tiempo para resolver el enredo. Cuando las cosas marchan bien, falta tiempo para disfrutarlas a fondo. Que injusticia. Por supuesto, esto último no sucede siempre del mismo modo, en ocasiones el tiempo es benevolente con nosotros y nos regala instantes memorables que lo ubicamos dentro de nuestras propias secuencias, en nuestra propia línea del tiempo. Es a estos instantes, transformados en recuerdos agradables, a los que recurrimos presurosos cuando tenemos necesidad de consuelo, de calma, de refugio, de paz, de sosiego, de hilaridad. Mientras mas recuerdos de este tipo tengamos a los que recurrir, mas oportunidades tendremos de hacer nuestro presente o nuestro mañana, una parte agradable de esta línea imaginaria del tiempo. Del pasado, ni hablar, vuelve a nuestra mente esta realidad inmutable, el tiempo no lo podemos manejar a voluntad, lo hecho, hecho está. Las malas secuencias se repiten, las buenas se disfrutan.